
Tso Pema Solidarity
Un proyecto de ayuda humanitaria para los refugiados tibetanos
Tso Pema Solidarity es el proyecto humanitario de MERPE destinado a apoyar a una comunidad de refugiados tibetanos en el norte de India.
Nace del compromiso de acompañarles en su camino hacia una vida digna, brindando recursos para cubrir sus necesidades básicas —alimentación, vivienda, educación y salud— y preservando al mismo tiempo su cultura.
Desde MERPE canalizamos la ayuda de forma directa y transparente, manteniendo un vínculo cercano con la comunidad de Tso Pema.
Cada donación, cada gesto y cada acción se convierte en esperanza viva para quienes, tras perder su tierra, siguen defendiendo su libertad y su fe.
Tso Pema Solidarity no es solo un proyecto de ayuda:
es un puente entre mundos, una alianza de corazón a corazón.

Nuestra Historia
Todo comenzó en Tso Pema, un pequeño pueblo sagrado en las montañas del norte de India, donde desde hace décadas viven refugiados tibetanos que huyeron de su país tras la invasión de 1950.
Cruzaron la cordillera del Himalaya a pie, dejando atrás su hogar, su familia y su libertad, en busca de un lugar donde poder vivir sin miedo.
Allí, entre templos, cuevas y lagos sagrados, formaron una comunidad guiada por Lama Wangdor Rinpoche, quien dedicó su vida a acoger, cuidar y sostener a quienes habían perdido todo.
Durante años, Lama Wangdor se convirtió en un faro para cientos de personas: monjes, monjas, niños, ancianos y practicantes laicos que encontraron bajo su guía un refugio material y espiritual.
A su fallecimiento en 2019, la comunidad quedó desprotegida, sin recursos suficientes para mantener sus necesidades más básicas.
Fue entonces cuando MERPE asumió el compromiso de continuar su legado, creando Tso Pema Solidarity, un proyecto humanitario destinado a garantizar el sustento de esta comunidad.
Desde entonces, cada año recaudamos fondos que se envían directamente a Tso Pema, cubriendo alimentación, vivienda, educación y atención médica para decenas de personas refugiadas.
Este proyecto representa una promesa: no olvidar a quienes aún viven en el exilio, ni a los valores de compasión, sabiduría y dignidad que encarnan.
A través de apadrinamientos, actividades solidarias y campañas de recaudación, mantenemos viva una red de apoyo que une a quienes desean ayudar con quienes más lo necesitan.
Hoy, Tso Pema Solidarity es mucho más que un programa de ayuda económica.
Es una alianza humana, una forma de reconocer la interdependencia que nos une a todos los seres y una expresión de gratitud hacia un pueblo que, pese al sufrimiento, sigue ofreciendo al mundo su luz interior.
Cada donación, cada gesto y cada palabra compartida es una forma de decir:
“No estáis solos. Vuestra historia también es la nuestra.”
Nuestros Apadrinados
Actualmente, MERPE apadrina a más de 60 refugiados tibetanos.
Entre ellos hay monjes, monjas, niños, estudiantes, familias y ancianos,
cada uno con una historia única marcada por el exilio y la esperanza.
Esta diversidad refleja la amplitud humana del proyecto y el compromiso
con todas las generaciones de la comunidad tibetana refugiada.

Ani Karma Dolma, 26.
Nació en Leh, Ladakh, en una familia tibetana originaria del norte del Tíbet.
Desde muy joven sintió la llamada espiritual y se ordenó como monja budista.
Su madre falleció hace algunos años, pero su padre sigue con vida, al igual que sus dos hermanas: una mayor y otra pequeña.
Con serenidad y devoción, Ani Karma dedica su vida a la práctica, la oración y el servicio a su comunidad.

Tsering Yangzo, 10.
Nacida en la India dentro de una familia tibetana refugiada, Tashi Lhamo cursa 5º grado en la escuela de refugiados tibetanos en Dehradun.
A Tashi le encanta la música y está aprendiendo a tocar un instrumento tradicional tibetano, disfrutando cada nota como una forma de expresar alegría y mantener viva su cultura.

Kalsang Angmo, 32.
Kalsang Angmo vive en Tso Pema, procede de familia tibetana refugiada.
Estudia enfermería con la esperanza de construir un futuro mejor y poder servir a su comunidad con sus conocimientos.
Durante la pandemia no pudo continuar sus estudios y permaneció en las Cuevas Sagradas de Guru Padmasambhava, acompañada por su hermana mayor, la monja Ani Thupten Chodon.
Su determinación refleja la fuerza de una generación que, a pesar de las dificultades, sigue soñando con sanar y ayudar a los demás.

Yeshi Choedon, 48.
Nacida en la India, Yeshi Choedon proviene de una familia tibetana refugiada.
Su madre es originaria del norte del Tíbet y su padre, de Dege, en la provincia de Kham.
Perdió a su padre siendo muy joven, pero ha formado su propio hogar lleno de amor y fortaleza.
Hoy vive en Tso Pema junto a su madre, su esposo y sus dos hijos, un hijo y una hija, preservando las raíces y la cultura tibetana que dan sentido a su vida.

Jangchup Chodhen, 59.
Nació en una familia tibetana en Dege, en la provincia de Kham, al este del Tíbet.
Ambos padres murieron cuando era muy pequeño.
Escapó del Tíbet en 2005. Intentó escapar antes, pero la policía china lo atrapó y fue encarcelado.
Se ordenó como monje budista.
Tiene dos hermanas mayores que son monjas en las Cuevas Sagradas de Tso Pema.

Dorje Wandak, 42.
Tuvo que dejar atrás a su familia en el Tíbet y refugiarse en Tso Pema, donde colabora en la organización del monasterio Zigar.
Sus padres continúan en el Tíbet, viviendo en condiciones muy humildes, mientras él dedica su vida al servicio espiritual y a la comunidad.
Sus Condiciones
Vivir en el exilio no solo significa estar lejos de casa, sino aprender a sobrevivir sin los derechos más básicos.
Los refugiados tibetanos en India llevan más de siete décadas tratando de reconstruir su vida lejos del Tíbet, después de la invasión china de 1950. Muchos de ellos llegaron tras largas travesías a pie por el Himalaya, con apenas lo necesario para subsistir.
Libertades y situación legal
Aunque el Gobierno de India les permite permanecer en el país, la mayoría no posee nacionalidad india, ni documentos legales que les otorguen derechos plenos.
Esto les impide poseer propiedades, abrir cuentas bancarias, recibir ayudas oficiales o acceder a determinados servicios públicos.
Su condición de refugiados los mantiene en una situación de vulnerabilidad jurídica constante, dependiendo de permisos temporales o de la protección de monasterios y asociaciones.
Condiciones económicas
La mayoría de los refugiados vive en condiciones de economía de subsistencia.
No cuentan con fuentes de ingresos estables y dependen de la ayuda de fundaciones, donaciones y pequeñas actividades locales como la venta de incienso, artesanías o productos agrícolas.
Los más mayores y enfermos dependen completamente de la solidaridad externa para cubrir lo más esencial: comida, ropa o medicinas.
Vivienda y entorno
En lugares como Tso Pema, las viviendas son humildes y, en muchos casos, inestables.
Las monjas y monjes que habitan en las Cuevas Sagradas de Guru Padmasambhava viven en condiciones climáticas extremas: inviernos muy fríos, lluvias intensas y estructuras de madera y barro que se deterioran con facilidad.
Las reparaciones suelen demorarse durante años por falta de recursos.
Salud y atención médica
El acceso a la atención sanitaria es limitado.
Los tratamientos para enfermedades crónicas, operaciones o incluso medicinas básicas son inaccesibles para la mayoría.
La distancia a los hospitales y el coste del transporte dificultan aún más recibir atención médica oportuna, especialmente para los ancianos.
Educación y futuro
Muchos niños y jóvenes tibetanos estudian en escuelas de refugiados con recursos mínimos.
Algunos logran acceder a estudios superiores, pero los costes de matrícula, desplazamiento y material escolar son altos para familias que apenas pueden cubrir su sustento diario.
Aun así, la educación sigue siendo un pilar fundamental para ellos: una forma de preservar su identidad y construir esperanza.
Una vida sostenida por la fe y la solidaridad
A pesar de estas carencias, los refugiados tibetanos mantienen una vida profundamente espiritual y comunitaria.
Su fe, su práctica diaria y la ayuda que reciben de personas y organizaciones solidarias como MERPE son el hilo que sostiene su dignidad y su esperanza.
Cada aportación, cada gesto y cada palabra de apoyo es un recordatorio de que no están solos,
y de que la compasión puede cruzar cualquier frontera.




